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Estudio de Caso #2: Protección de las zonas pesqueras en Alaska

El Problema: sobre explotación del halibut

Las aguas de la costa de Alaska han entregado una pesca generosa de halibut por cientos de años, pero las condiciones empezaron a cambiar en las décadas de los años 1970 y 1980. A medida que la industria pesquera local creció en tamaño y sofisticación, las flotas pesqueras comenzaron a extraer cargamentos cada vez más grandes del océano. En la década de 1990, la población de halibuts estaba en seria declinación. Para protejerlos, los administradores de las pesqueras fijaron un límete en la cantidad de esta especie que se podía extraer cada temporada. La razón detrás de este límite o cap tenía sentido: si se atrapaban menos peces cada año, más halibuts quedarían en el mar para reproducirse. Esto les daría tiempo para recuperar su stock, y aseguraría una buena pesca a las generaciones venideras.

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Sin embargo, habiéndoseles dado menos peces para extraer, cada dotación pesquera tuvo como meta extraer la mayor porción posible del total. Los resultados fueron una pesadilla comercial y medioambiental. Hacia 1995, las flotas eran tan eficientes en la pesca del halibut que la temporada oficial se redujo a dos días. Para aprovechar este reducido espacio de tiempo, las flotas se fueron por 48 consecutivas horas, trabajando día y noche, a veces, en condiciones climáticas muy adversas. Se perdieron barcos y vidas. Sin tiempo que perder, las flotas no se molestaron en batallar con largos  y enredadas hilos de pesca.  Simplemente los cortaban, dejaban ir y lanzando nuevos, aunque los hilos antiguos continuan cebando y matando peces (un destructivo proceso conocido como "pesca fantasma"). Tampoco había tiempo para clasificar cada carga, por lo que halibuts muy pequeños y otras especies que normalmente hubieran sido devueltos al mar, fueron despedazados y tirados por la borda ya muertos o por morir.  "Bycatch," como se denominan a estas víctimas inocentes, es siempre un costo ambiental de la pesca, pero este costo creció significativamente durante la temporada de 48 horas.

Los impactos económicos fueron similarmente sombríos. La temporada de dos dias significó que las flotas pesqueras debían vender su pesca en un mercado sobrecargado y sólo a grandes procesadoras de pescado que estuvieran equipadas de tal manera que fueran capaces de manejar tales cantidades de carga masiva. La corta temporada también significó que no hubo virtualmente mercado para el pescado fresco - todos llegaron a mercados y restaurantes como producto congelado. Todos estos factores trabajaron en conjunto para deprimir el precio de la pesca.

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